Orgullo

Qué suerte

poder ver, entre el humo
gris de millones
de coches ardiendo,
esa serpiente de humo
que intentaba hoy tragarse
Madrid y tragarnos,
qué suerte en medio de todo
encontrar tamaña paloma blanca y
tantos pájaros orgullosos
de sus flores y sus garras.
Qué gran suerte para mí,
porque hacen falta muchas
alas para liberar esta garganta
sitiada de humo,
y hoy he sentido
cosquillas de vuestro viento
en el corazón solar
de mi ciudad.

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Brasas

Sé que tuvisteis
que abrir una grieta muy profunda
en vuestra carne
para dejar salir tantos
millones de pájaros.

No hay forma de cerrar
un corte tan profundo
y todo lo que había
dentro siguió saliendo y
así la lava, y así nieve y algas,
leones, enjambres, escarabajos
de todas las épocas,
y un manantial rojo, naranja
verde, interminable.

Y por eso
no podéis contener ya
la vida que aletea en los dedos
y se os va con cualquier
soplo de viento y así
podéis caer
sin querer
o casi sin querer
en cualquier momento y es duro
porque no hay ningún motivo
y sin embargo caéis
una tras otra Janis
uno tras otro Chester Jeff
Antonio y Antonio Amy Layne Violeta Whitney…
Como brasas prendidas,
los últimos restos de un incendio.

Sacrificio

Un río de sangre fluye entre el mar y mi cuerpo. Al final del río gira una noria de cubos cónicos.

La copa de vino se levanta. Brilla. Todo lo contiene: los restos del pasado y el futuro nadan juntos. La copa hace entonces medio arco, y la sangre continúa su camino natural de vuelta al mar. Se lleva el tiempo como rehén, y yo borro las huellas.

Es la misma savia roja de los pinos y las cabras. Es la misma mezcla oscura de los templos. Son las lágrimas rotas de los pescados que aún no mueren. Y también son los collares que unen un corazón grande a otro pequeño.

La mezcla de tiempos sigue atrapando historias extraviadas, pero todas las épocas se diluyen al llegar al mar.

Cuento

Había una vez un mundo que existía entre los trozos de hielo del agua que se está congelando.
Todo era transparente.

La gente se transportaba sobre la piel lisa de las ballenas.

En los teatros se representaban las historias de las estrellas del mar y de las estrellas fugaces del cielo.

Las caracolas servían para escuchar lo que ocurría en lugares muy muy lejanos, como la tierra firme.

La gente pedaleaba para mantener en movimiento las mareas, las ballenas y las estrellas.

La ropa crecía sobre las personas. Cuando alguien estaba triste, simplemente se quitaba varias capas que quedaban flotando detrás.

Objetos

Al principio era difícil.
Seguía atenazada por el miedo
a echarlos de menos
y la nostalgia
era como un hongo.
Así que casi no me atrevía
a desprenderme de nada.
He tenido largas batallas
sobre papeles de colores.
(He gastado miles de horas
escondiendo cosas muertas).
Un jersey me ahogaba
y me robaba una hora
de lucha sin sol,
y en general la casa
me atrapaba cual mazmorra
llena de esqueletos
gruñidores.

Las primeras veces
estaba yo casi más nerviosa
que él o ella,
y justo después eufórica
al trocar mis miserias por su euforia.
Me han hecho regalos inesperados
como una tomatera
o una cesta ciclista.
Una niña voló
como un avión por el ático
al conocer su casita de muñecas.

Las primeras veces era difícil,
todavía lo es pero algo menos.
El arte de esto está
en restaurar la caja de un juguete,
revisar que no falte nada,
clasificar por edades,
imaginar.
Sin pleitesías ni lamentos.
La casa se aligera
y nosotras revivimos.

Lento

Los koalas
se tocan lentamente.
Puede subir y bajar
la sangre muchas veces,
pero el movimiento koala
recorre todos los caminos,
se para a contemplar las vistas,

y sólo avanza luego
hasta el siguiente enfoque.
En el ritmo lento koala
caben hormigas
exploradoras de la espalda.
Caben largos compases
de música también.

Los koalas establecen
su propio ritmo
para avanzar a ciegas
y admirar la belleza
del paisaje.

Fan

Hay miles de mujeres
deslizándose en este momento
por su voz
y cayendo
sinuosamente.
¿Qué hay al otro lado?
Las melodías no enseñan
ningún lugar preciso.
Qué hay al otro lado
de unos trazos mangas,
brillando igual
en blanco y negro.
El micrófono se estremece…
pensando qué hay al otro lado.
Sube y baja la marea
en tantas costas.
Nosotras seguimos
.        cayendo,
.                 cayendo…

Y lo único seguro
es que habrá un océano nuestro
al final de esta caída.